Desde chicos sienten la presión de tener un talento o un propósito. Aquí tienes un camino más amable: seguir la chispita, no el gran plan.
“¿Y a ti qué te gusta?” Se lo preguntamos con cariño, pero a muchos niños esa pregunta les cae como una tarea imposible. Todos parecen tener “lo suyo” —la que baila, el del fútbol, la de los dibujos— y el que aún no lo encuentra empieza a sentir que algo le falta. La buena noticia: el propósito no se busca de golpe. Se sigue, chispa por chispa.
El propósito no es un plan; es una pista
Solemos imaginar que un niño debe “descubrir su pasión”, como si estuviera escondida en un cofre esperando ser encontrada. Pero rara vez funciona así. Lo que un niño tiene no es un gran plan: son pequeñas chispas. Un momento en que se le iluminan los ojos. Una actividad en la que se le va el tiempo sin darse cuenta. Una pregunta que hace una y otra vez.
Esas chispitas no son la meta. Son las migas de pan. Si el niño las sigue, lo llevan a lugares que ningún plan habría podido dibujar de antemano.
Cómo cuidar la chispa
- Fíjate en dónde se le va el tiempo. No en lo que dice que le gusta, sino en lo que hace cuando nadie lo obliga. Ahí está la pista.
- Ofrece variedad, sin presión. Muchas experiencias pequeñas, sin la exigencia de “convertirlo en algo”. La chispa aparece cuando hay con qué prenderla.
- No conviertas el gusto en obligación. El “ya que te gusta, ahora tienes que ir a clase tres veces por semana” apaga más chispas de las que enciende.
- Permite que cambie de interés. Un niño que salta de la música a los insectos y luego al dibujo no es disperso: está explorando. Cada etapa deja algo.
- Celebra la curiosidad, no solo el talento. No hace falta que sea bueno en algo para que valga seguirlo. El disfrute ya es motivo suficiente.
La llave para esta noche
No apures a tu hijo a tener “lo suyo”. Ayúdalo, en cambio, a notar cuándo se le iluminan los ojos, y a seguir esa lucecita con curiosidad, como un cachorro que persigue una chispa por el jardín sin saber a dónde lo llevará. Esta noche, pregúntale qué fue lo que más le gustó del día. Esa respuesta, repetida muchas veces, es el mapa de lo que un día será su camino.