¿Para qué ser educado si los niños empujones se llevan el juguete primero? Aquí tienes la recompensa silenciosa: cómo el respeto moldea el mundo entero de un niño.
“¿Para qué pido las cosas por favor, si el niño que empuja se lleva el columpio primero?” Tarde o temprano, tu hijo hace esa cuenta. Y no es una pregunta tonta: desde su lugar, el respeto a veces parece que se paga y no se cobra. Pero hay una recompensa que no se ve a simple vista, y vale la pena mostrársela.
El respeto no es solo para el otro; construye su propio mundo
Un niño respetuoso no está simplemente “portándose bien” para complacer a los adultos. Sin saberlo, está construyendo el mundo en el que va a vivir. Porque el respeto es contagioso: el niño que trata bien a los demás tiende a rodearse, con el tiempo, de gente que lo trata bien. La forma en que trata al mundo se le devuelve.
No es magia ni recompensa inmediata. Es lento. Pero el clima que un niño crea a su alrededor —de confianza o de pleito— termina siendo el clima que él mismo respira todos los días.
Cómo enseñar el respeto que vale
- Muéstrale la conexión. “Cuando tratas bien a tus amigos, ellos quieren estar contigo. Así se hacen las amistades que duran.” Dale la razón, no solo la regla.
- Respétalo a él. Los niños aprenden el respeto sobre todo por cómo son tratados. Pide las cosas por favor, escucha su “no” razonable, no lo humilles. Eso enseña más que mil sermones.
- Sepáralo de la debilidad. Respetar no es dejarse. Un niño puede ser firme y respetuoso a la vez: “No me gusta, por favor para” también es respeto.
- Nómbralo cuando lo veas. “Esperaste tu turno aunque tenías muchas ganas. Eso es respeto.” Lo que se reconoce, se repite.
- No te obsesiones con el resultado inmediato. A veces el niño educado pierde el turno hoy. Explícale que está sembrando algo que se cosecha con el tiempo.
La llave para esta noche
Como un pequeño panda rojo que elige el respeto aunque nadie lo obligue, tu hijo puede aprender que la forma en que trata al mundo es la forma en que, poco a poco, el mundo lo tratará a él. Esta noche, cuéntale una vez en que alguien lo trató con respeto y qué bonito se sintió. Ese recuerdo le enseña, mejor que cualquier orden, por qué vale la pena tratar así a los demás.