Imaginar algo con claridad no es soñar despierto sin sentido: suele ser el primer paso real hacia hacerlo. Aquí tienes cómo ayudar a los niños a usarla.
“Deja de soñar despierto.” Se lo decimos casi sin pensar, como si imaginar fuera perder el tiempo. Pero la imaginación de un niño no es una distracción: es una de sus herramientas más poderosas. Porque casi todo lo que alguien llega a hacer, primero tuvo que poder imaginarlo. Lo que un niño se atreve a imaginar hoy moldea lo que se atreve a intentar mañana.
Imaginar es el primer ensayo de la vida real
Cuando un niño se imagina cruzando el escenario, metiendo el gol o haciendo un amigo nuevo, su mente está haciendo algo serio: está ensayando. Se familiariza con la escena, la vuelve menos ajena, más posible. Por eso los deportistas y artistas “visualizan” antes de actuar: la imaginación clara allana el camino a la acción real.
Y funciona en los dos sentidos. Un niño que solo se imagina fallando y haciendo el ridículo, ensaya el miedo. Ayudarlo a imaginar bien no es llenarlo de fantasía: es entrenar su mente a favor y no en contra.
Cómo alimentar su imaginación
- Protégela del exceso de pantallas. Cuando todo viene ya dibujado, la imaginación se atrofia. El aburrimiento y el juego libre son su mejor gimnasio.
- Haz preguntas de “¿y si…?”. “¿Y si pudieras volar?” “¿Cómo sería tu mundo ideal?” Abrir posibilidades es ejercitar el músculo imaginativo.
- Úsala para lo que teme. Antes de algo difícil, ayúdalo a imaginarse haciéndolo bien: “Imagínate entrando tranquilo y saludando.” Ensayar en la mente da valor.
- Valora sus invenciones. El fuerte de cojines, la historia inventada, el mundo secreto: no son tonterías, son su laboratorio. Tómalos en serio.
- Imagina con él. “¿Qué construiríamos si pudiéramos hacer lo que fuera?” Soñar juntos le enseña que imaginar es valioso.
La llave para esta noche
Como una rana que primero sueña la vida que quiere y luego, paso a paso, la va haciendo real, tu hijo puede aprender que imaginar no es huir de la realidad: es empezar a construirla. Esta noche, en lugar de “deja de soñar”, invítalo a imaginar algo bonito que le gustaría vivir o intentar. Lo que un niño puede imaginar con claridad, un día puede animarse a hacerlo. La imaginación es el primer paso de casi todo.